A este tercer Domingo de Adviento se le llama “Gaudete” (alegres) porque así inicia la antífona
de entrada. Tiene como fin animarnos a continuar con la preparación de la solemnidad de la
Natividad del Señor. El color característico de este día es el rosa.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Adviento
La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Año Litúrgico
El Año litúrgico se fija a partir del ciclo lunar, es decir, no se ciñe estrictamente al año calendario. La fiesta más importante de los católicos, la Semana Santa, coincide con la fiesta de la “pascua judía” o Pesaj, misma que se realiza cuando hay luna llena. Se cree que la noche que el pueblo judío huyó de Egipto, había luna llena lo que les permitió prescindir de las lámparas para que no les descubrieran los soldados del faraón.
La Iglesia fija su Año litúrgico a partir de la luna llena que se presenta entre el mes de marzo o de abril. Por lo tanto, cuando Jesús celebró la Última Cena con sus discípulos, respetando la tradición judía de celebrar la pascua – el paso del pueblo escogido a través del Mar Rojo hacia la tierra prometida – debía de haber sido una noche de luna llena. Hecho que se repite cada Jueves Santo.
Entendiendo y viviendo la liturgia: La Liturgia
La liturgia es un conjunto de acciones de culto en las que manifestamos nuestra adoración a Jesucristo, presente con nosotros en la Iglesia, de un modo público y en comunidad.
En la liturgia se requiere de los fieles una participación plena, consciente y activa. Las celebraciones litúrgicas tienen un triple significado: recuerdo, presencia y espera.
El Año Litúrgico es el desarrollo de los misterios de la vida de Cristo (su nacimiento, muerte y resurrección), y las celebraciones de los santos que nos propone la Iglesia a lo largo del año.
Los tiempos litúrgicos son: Adviento, Navidad, Epifanía, Primer tiempo ordinario, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, Tiempo Pascual, Pentecostés, Segundo tiempo ordinario y termina con la fiesta de Cristo Rey.
El eje del Año litúrgico es la Pascua. Los tiempos fuertes son el Adviento y la Cuaresma.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Clausura del Año de la Misericordia
La intención de las misas del pasado Domingo, al clausurar el Año de la Misericordia en la Arquidiócesis de Monterrey, es la gratitud y el reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia y encomendemos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos al Señorío de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia todavía por construir.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Aleluya
Es otra palabra hebrea, conservada en la liturgia, y no traducida para no empobrecer su significado. Es eufónica y llena de musicalidad. Está compuesta de dos elementos: “hallelu”=alabanza y “yah”=Dios. Es aclamación de júbilo. Se encuentra en los salmos. Es como decir: “maravilloso, magnífico” referido a Dios. Es exclamación de gloria y alabanza. Es grito de victoria y de triunfo. Es canto de todo el pueblo, canto de alegría. Es respuesta pascual a la presencia de Cristo resucitado.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Señor, ten piedad
Es la traducción de una expresión griega. Súplica tradicional de los cristianos, que siempre ha estado presente en la liturgia, durante prácticamente dos mil años. Exclamación espontánea en la presencia de Dios. Frase frecuente en la Biblia, en los salmos y en el evangelio. Grito de angustia y de confianza en la misericordia de Dios. Está dirigido a Cristo.
Entendiendo y viviendo la liturgia: El beso del altar y del libro de los Evangelios
EL BESO DEL ALTAR Y DEL LIBRO DE LOS EVANGELIOS
Uno de los gestos más aceptados y que, por tanto, se está utilizando con naturalidad en la sociedad actual, es el beso.
También en la liturgia se besan las personas y los objetos sagrados. A aquéllas, como gesto de lo que quieren comunicar eficazmente. Respecto al beso de los objetos, sólo es el altar y el libro de los Evangelios los que más reciben este aprecio, como símbolo de veneración, según explica la IGMR 232.
El beso al altar es antiquísimo y se remonta al s. IV. Con este gesto se quiere expresar el aprecio que se tiene a la “mesa del Señor”, sobre la que se va a realizar la Eucaristía.
Se besa el altar dos veces: al comienzo de la celebración, y al finalizarla. El beso del Evangelio lo besa al final quien lo proclama, como un gesto más, insertado en una serie de acciones simbólicas en torno al mismo. Besar el Evangelio es un gesto de fe en la presencia de Cristo, que se nos comunica como Palabra verdadera y que se prolonga, por la asamblea, con la aclamación a la misma Palabra proclamada.
Entendiendo y viviendo la liturgia: Gestos y posturas en la misa (pt. 3)
DE RODILLAS
Significa rebajamiento, penitencia, adoración, oración individual, humildad. Si una persona tiene dificultad en arrodillarse puede quedarse sentada.
¿Cuándo hay que estar arrodillados en Misa?
- “Hay que estar de rodillas, a no ser que lo impida la estrechez del lugar o la aglomeración de la concurrencia, o cualquier otra causa razonable, durante la consagración”. Es el único momento en que hay que arrodillarse en Misa.
- No se debe hacer ninguna genuflexión antes de comulgar.
